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OrtZaharrez harro!

Alternatibako Mahai Feminista

Decimos que el sistema actual es cisheteropatriarcal porque impone una clasificación binaria basada en los genitales; porque, partiendo de la presunción de heterosexualidad, sitúa en el centro los modos de vida heterosexuales; y porque en la organización cultural y social prevalecen la autoridad, el liderazgo y los privilegios de los hombres. Y también debemos decir que es colonial, porque impone el sistema sexo-género del Norte Global sobre el Sur Global, oprimiendo a las culturas locales.

En este contexto, además, debemos prestar atención a las múltiples formas de opresión para responder a las necesidades de todos los sujetos y, por supuesto, para desarrollar políticas verdaderamente transformadoras.

Gracias a la larga lucha del movimiento LGTBIQ+ se han conquistado numerosos derechos. No solo en el ámbito legal: también en las calles, mediante la visibilidad, se han logrado abrir grietas en este sistema. El contexto actual no podría entenderse sin las militantes que, durante las últimas décadas, han puesto el cuerpo y la cara en esta lucha.

Hemos tenido que enfrentarnos —y seguimos haciéndolo hoy en día— a la Ley de Peligrosidad Social, a la pandemia del VIH/SIDA, al estigma, a la invisibilidad, a la falta de reconocimiento de nuestras vidas, a las limitaciones para desarrollar nuestros proyectos vitales, a la violencia y a muchas otras formas de opresión.

En este contexto, hemos pasado de ser objetivo de la persecución institucional y social a convertirnos en un nicho de mercado. Prueba de ello son las empresas e instituciones que estos días se visten con los colores del arcoíris: el Gobierno español, que vulnera los derechos de las personas LGTBIQ+ migradas; el Gobierno Vasco, que sigue patologizando a las personas trans a través de Osakidetza; o el Ayuntamiento de Bilbao, que impulsa iniciativas Pride para atraer turismo, entre otros.

Entre las empresas, cabe destacar el grupo de voluntariado “Proud at Repsol” de Repsol, dirigido por Josu Jon Imaz; las ofertas de la aerolínea Vueling para participar en los Pride; el grupo “Be Yourself” de trabajadores y personas aliadas LGTBIQ+ de BBVA; o las campañas publicitarias de Idealista, portal vinculado a la especulación inmobiliaria, entre otras.

Es evidente que, a la hora de desarrollar cualquier política pública, resulta imprescindible trabajar en colaboración con los colectivos a los que dichas políticas van dirigidas. Además, esto debe hacerse de manera amplia: escuchando las propuestas de las distintas asociaciones, teniendo en cuenta las aportaciones de profesionales aliadas y demostrando voluntad política para llevar a cabo estas medidas. Y, por supuesto, dotándolas de los presupuestos necesarios.

En las últimas semanas, EH Bildu ha impulsado en diversas instituciones propuestas para desarrollar protocolos LGTBIQ+ en las residencias. Se trata de un paso importante para desmontar la norma cisheteropatriarcal. Es una oportunidad inmejorable para trasladar a la práctica las perspectivas interseccionales que aparecen en los planes de igualdad de las instituciones, ya que la edad también constituye un eje de opresión. Y, en última instancia, porque también se lo debemos a las personas que pusieron el cuerpo y la cara para conquistar los derechos del colectivo LGTBIQ+.

Las personas mayores LGTBIQ+ no pueden volver a la clandestinidad. Todos sus derechos deben estar garantizados, y necesitamos un sistema público de cuidados que tenga en cuenta sus necesidades específicas. Para que esto sea una realidad, las instituciones deben asumir sus responsabilidades.

Es necesario desarrollar protocolos, proporcionar recursos y mejorar las condiciones laborales de las personas cuidadoras. El cuidado de las personas mayores LGTBIQ+ no puede quedar en manos exclusivas de cuidadoras aliadas; es una responsabilidad institucional y no puede depender de la voluntad o la sensibilidad individual de quienes trabajan en el sector. Garantizar este derecho tampoco puede hacerse, en ningún caso, a costa de aumentar la carga de trabajo de las personas cuidadoras.

Establecer las condiciones para que cada persona pueda desarrollar el proyecto de vida que desea hasta el final es lo que significa el orgullo. Todas y todos tenemos tareas y responsabilidades en este ámbito, y debemos exigir a las instituciones que cumplan las suyas. Ahí está la clave: desarrollar políticas basadas en derechos o apostar por poner precio a nuestras identidades, nuestros deseos y nuestros proyectos de vida.

Desde Alternatiba, en colaboración con la ciudadanía y con las asociaciones LGTBIQ+, estaremos junto a las iniciativas que buscan transformar los contextos en los que vivimos, así como impulsar protocolos para las personas mayores. No permitamos que esto se convierta en otro ejemplo de pinkwashing; pongámonos todas y todos a trabajar para reconocer y dignificar las vidas de las personas mayores LGTBIQ+. Porque se lo debemos. Porque estamos orgullosas y orgullosos de nuestras mayores.

Para terminar, porque nos sentimos profundamente orgullosas y orgullosos de la genealogía LGTBIQ+ de nuestro pueblo, y porque sabemos que el futuro está en manos de quienes nos encontramos en los márgenes, tenemos claro que Harro ez da Pride. Por eso nos sumamos a la campaña internacional Boicot al Pride impulsada por diferentes colectivos en Euskal Herria.

Únete a las asambleas organizadas pueblo a pueblo, a los grupos queer, transmaribibollos y a los colectivos LGTBIQ+. Sigamos conquistando derechos en las calles. Sigamos enseñándole los dientes a la norma excluyente.

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