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José Luis Arenillas y Andreu Nin. Una revolución silenciada.

Juan Ramón Garai Bengoa
Ander Santiago Vega

Buceando en el Archivo Militar del Ferrol, rescatamos de la ignominiosa justicia franquista, la causa militar por la que fusilaron el 18 de diciembre de 1937 a José Luis Arenillas. Médico y miliciano resistente a los sublevados fascistas tras el golpe de estado de julio del 1936.

El 16 de agosto de ese año, tras el fracaso inicial del golpe; Agustín Zapirain, dirigente del Partido Comunista y de la Junta de Defensa de Bizkaia, firmó la tarjeta como miliciano del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) de Arenillas. Siempre se ha considerado que la implantación del POUM en Euskadi en el periodo republicano fue insignificante, y aunque no llego a ser cuantitativa, si lo fue cualitativa, y la labor militante de sus afiliados luchando por la libertad, contra el fascismo, y la defensa de la clase obrera, fue ejemplar.

Tras la derrota de Mola y sus tropas el 4 de octubre de 1936 en los Intxortas, y la constitución del Gobierno Vasco; el Lehendakari Jose Antonio Agirre nombra a José Luis, Inspector de Sanidad del Cuerpo de Ejército Vasco, y meses después, el 16 de junio del 1937, Jefe de Sanidad del Ejercito Vasco.

Ese mismo día, Andreu Nin era secuestrado en Barcelona por agentes estalinistas, y posteriormente torturado y asesinado en Alcalá de Henares.

En otra laboriosa investigación en el Archivo de la Administración de Alcalá de Henares, nos topamos con un salvoconducto fechado el 16 de julio de 1938; en el que la Federación Anarquista Ibérica (FAI), avalaba a Olga Tardeeva de Nin, madre de la niña de 10 años Nora Nin Tardeeva, como compañera de antecedentes antifascistas, que le permitió pasar la frontera a Francia, un caluroso 13 de agosto de 1938. Según los informes de CNT y FAI. «El movimiento libertario, separado por profundas divergencias doctrinarias de la fracción marxista perseguida, ha prestado una amplia solidaridad moral a esos camaradas». Juan Peiró secretario de la CNT antes de la Segunda República, y Ministro de Industria en el gobierno republicano de Largo Caballero, fue quien desde el anarquismo acuso al Partido Comunista Español de «haber trasplantado todo el escenario de los procesos de Moscú a España, y de lanzar una terrible acusación (agentes de Franco) con los miembros del POUM…La monstruosidad cometida con Andrés Nin, el crimen y desaparición del más auténtico marxista catalán». No le faltaba razón, la tan alabada ayuda militar Soviética a la República, estaba condicionada a las políticas internacionales de Stalin para ganarse la aceptación de las democracias burguesas europeas. Las mejores armas fueron destinadas a las milicias del PCE, consiguiendo así crear la falsa idea que el resto de milicias populares eran ineficientes y desordenadas. En los planes de Moscú no entraba la idea de hacer la revolución en España, y mediante la represión de los agentes de la NKVD, infiltrados en el ejército y policía republicana, revirtieron la colectivización de tierras y empresas, asegurando a las potencias europeas que la revolución no triunfaría nunca. Aquella «contrarrevolución estalinista», desembocó en los graves enfrentamientos de Barcelona en mayo de 1937. La clase trabajadora estaba hastiada por las promesas incumplidas de la burguesía izquierdista, aliada con un PSUC, más preocupado por la salvaguardar  las estructuras de poder, que de realizar un cambio revolucionario. Tanto es así, que buena parte de los brigadistas rusos que lucharon en la guerra de España, fueron purgados cuando regresaron a casa. Stalin tenía miedo que los Soviets recuperaran el protagonismo de los primeros años de la revolución.

En otro ejercicio de militancia histórica, encontramos el artículo de Juan Peiró en el archivo del Partido Comunista Argentino. Fue detenido por los alemanes y entregado a los fascistas españoles, quienes lo fusilaron en el año 1942.

Vivimos una época en la que vemos resurgir el fascismo a nivel mundial, y creemos, que contra su lucha no sobra nadie; por eso nos preocupa; que entre sectores de la izquierda se quiera poner en valor los años del estalinismo. El deber de una revolución es cuestionarse a si misma, y crecer con voluntad trasformadora de libertad, en armonía y humanidad.

Estas experiencias de nuestros abuelos y abuelas, nos deben servir para no caer en actitudes autoritarias y sectarias, que no hacen ningún favor a la lucha común contra las consecuencias de la barbarie capitalista.

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